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Carmen Argibay. Un ejemplo a seguir

09mai

                                                                                                    Susana Medina *

El 10 de mayo de 2014, moría en la ciudad de Buenos Aires Carmen Argibay. Mujer de profundas e inclaudicables convicciones democráticas,  supo imponer su estilo y  pensamiento critico. De pocas palabras e ideas claras, las trasmitió con valentía y sin ambigüedades,  aún a riesgo de perder su libertad. Sus palabras no tenían grises ni matices.

Más que una jurista fue una humanista, que dedico su vida a mejorar la vida de los demás a través de múltiples y variadas acciones, que llevó a cabo en silencio, con humildad, reserva, empatía y generosidad. Como las grandes mujeres de nuestra historia. Su figura es un ejemplo a seguir.

No hizo de los derechos humanos un negocio. Por el contrario, enarboló esa bandera que llevó con orgullo y convicción hasta los últimos días. Estuvo privada de su libertad casi un año sin justa causa ni debido proceso legal, por el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, y sin embargo no guardo rencor ni deseos de venganza. Por el contrario, demostró grandeza de espíritu  e independencia de criterio al momento de tener que resolver causas en las que se investigaban delitos de lesa humanidad. Esclava de la ley, no hacia interpretaciones académicas ni dogmáticas de la misma, solo usaba el sentido común y la experiencia.

Reconocida y respetada internacionalmente fue co-fundadora de la Asociación Internacional de Mujeres Juezas,  y fundadora de la Asociación de Mujeres Jueces de Argentina. Presidió ambas organizaciones y recibió varios premios por su actividad en favor de los derechos humanos de las mujeres, y sin hacer gala de los mismos, dedico su tiempo, esfuerzo personal y conocimientos, para crear conciencia y sensibilizar respecto de la necesidad de incorporar la perspectiva de género en todos los ámbitos  académicos, institucionales y sociales.

Convencida feminista, creo la Oficina de la Mujer  de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, única en su tipo en el mundo entero, con el fin de capacitar en género a magistrados, funcionarios y empleados que no veían en ella  a una superior, sino una compañera de trabajo.  La llamaban Carmencita.

Más que una amiga  fue una hermana….una maestra…….una jueza justa…. una mujer que honro a la Patria. Nos quedan su ejemplo, y su incondicional amor por su tierra y por su gente.

Hasta siempre querida  Carmen! Gracias por todo lo que nos diste!

*Presidenta de la Asociación de Mujeres Jueces de Argentina