Un análisis de la antropóloga Rita Segato sobre el caso de Sebastián Wagner, el femicida de Micaela García, revela temas claves sobre las imposiciones de la masculinidad. Más columnas de Tinta Rosa.

Sebastián Wagner debía estar preso en el momento en que asesinó a Micaela García, la joven que fue violada y asesinada en Gualeguaychú, el 1° de abril de 2017. El juez que decidió liberarlo antes de tiempo, Carlos Rossi, fue sometido a un jury, imputado por “mal desempeño” de sus funciones por haber anticipado la libertad de Wagner (estaba condenado a 9 años por dos violaciones y sólo cumplió 6). El 30 de julio, Rossi fue absuelto por voto mayoritario del tribunal.

La antropóloga argentina Rita Laura Segato, que en sus investigaciones entrevistó durante años a violadores en una cárcel de Brasilia, fue invitada como especialista en el tema y expuso un interesante argumentación sobre por qué el juez Rossi no actuó bien al reducir tres años el tiempo de Wagner.

Primero hizo hincapié en que Rossi desoyó los 18 informes de psicólogos, psiquiatras y asistentes sociales que indicaban que no podía liberar a Wagner porque él nunca había aceptado su responsabilidad y sólo se basó en el informe de su conducta dentro de la cárcel que había sido “positiva”. El interrogante surge, entonces, en por qué los desoyó.

“Él se ampara en decir que estas opiniones no son vinculantes, es decir que no es obligatorio cumplirlas”, dijo Segato, en una charla que dio en Córdoba, en el marco de la Diplomatura en Formación de Acompañantes Comunitarios contra la Violencia de Género. Y agregó: “Las profesiones de la ‘escucha’ y el ‘acompañamiento’ son asociadas a profesiones femeninas (…). El juez despreció el esfuerzo de psicólogos y psiquiatras y allí también actuó el patriarcado”.La antropóloga hace años explica en sus textos que las violaciones no son crímenes motivados por deseos sexuales, sino por el poder y por el control sobre los cuerpos de las mujeres, relacionados a un “mandato de masculinidad”. Ese mandato pone a los hombres en una constante necesidad de demostración ante sus pares de su potencia (económica, sexual, física o de dominación) para tener aceptación. Y la violación, al igual que el femicidio, es una de las expresiones más extremas de ese mandato.

Si bien en Argentina contamos desde 2012 con la figura penal del femicidio, aún hay muchos puntos que debemos cuestionarnos sobre el tratamiento en la Justicia de crímenes contra las mujeres, como el que se planteó en el caso Micaela y en tantos otros.

En ese sentido, Segato hace hincapié en la idea de que los delitos contra las mujeres no se resuelven sólo en tribunales, donde la Justicia es parte de ese mismo sistema patriarcal, sino también con la “pedagogía de la palabra”, de la “reconstrucción del tejido social” que les permita a los hombres sacudirse el peso del mandato de masculinidad y bregar por una sociedad más justa, donde no haya hegemonías, disputas de poder ni acumulación de fuerzas.

 

fuente: http://www.lavoz.com.ar/numero-cero/mandatos-de-masculinidad?utm_campaign=SocialShare&utm_source=whatsapp