Los problemas conyugales impactan en los niños, quienes suelen ser utilizados como “botín de guerra”. Las denuncias de violencia familiar crecieron en la última década. En 2018, se dictaron casi 28 mil medidas de restricción de contacto en la provincia.

Nadie sabe a ciencia cierta cuántos núcleos familiares se rompen cada año, pero se estima que las cifras son altísimas. Las rupturas no siempre son traumáticas, pero los conflictos conyugales, con hijos de por medio, suelen ser frecuentes. En ocasiones, incluso, derivan en situaciones de tensión extrema en las que los niños aparecen como un “botín de guerra”.

“Cuando la pareja está en guerra utiliza todos los recursos: la escuela, los equipos técnicos de la escuela, tribunales, los equipos de tribunales, los psicólogos particulares y hasta los vecinos, que entran en alianza o en guerra con el otro. Es muy complicado y los chicos siempre están en el medio”, explica Silvia Morcillo, jueza de Familia, sobre las desavenencias de parejas.

A esto se suman los casos de violencia familiar, que abarrotan los juzgados año tras año, y que pueden derivar en medidas de restricción de contacto entre las parejas.

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